Ante tanto egoísmo, el hombre no ha decidido cambiar, no le interesa.
Prefiere sentirse incómodo y frustrarse que estar tranquilo consigo mismo y en paz con el otro, con el que es diferente a él y por lo tanto lo perturba.
Considera que es mejor llenar de prejuicios al otro, prefiere atacar primero.
La sociedad se ha engañado históricamente, más de una vez ha portado una bandera de igualdad mundial pero no acepta a aquel que se atreva a ser diferente, sin que esto implique que ‘’el diferente’’ sea intolerante, simplemente piensa distinto.
Guillermo Fadanelli mencionó que ‘’si no podemos convivir en paz que cada quien tome su camino’’. Por un tiempo creí en esto, pensaba que implicaba una verdadera libertad y que hacía a la gente convivir en paz, no agradarse, simplemente estar en paz, separado el uno del otro. Pero comienza un círculo vicioso, el otro y sus problemas, yo y los míos…
Ciertamente. El hecho de ignorar al otro no implica su desaparición, mucho menos el del problema.
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